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La historia de Alicante se empieza a escribir miles de años antes de Cristo, cuando fenicios, griegos y romanos comenzaron a dar vida a esta zona, la más al este de la península ibérica. Según se desprende de los diversos estudios realizados, y de lo mucho que se ha trabajado en este terreno, los fenicios, los griegos y los romanos sembraron las señas de identidad de los alicantinos, no en vano, el principal Patrimonio cultural de esta tierra data de la época fenicia, la Dama de Elche. Otro dato a tener en cuenta de esta época anterior a nuestra era es el gusto por los palmerales, tal y como se puede ver en Elche, ciudad que además albergó la factoría de salazones más importante del Mediterráneo si excluimos las de la provincia de Cádiz, una factoría de salazón datada en el Siglo IV a.C. Hoy en día la explotación se centra en las salinas, la extracción de sal del mar, más de 2.500 hectáreas de humedales. Debemos destacar de Santa Pola, por ejemplo, el Castillo que mandó construir Felipe II para defenderse de los piratas que llegaban del norte de África.
Tras estas tres civilizaciones destacamos la de los árabes, que se asentó en estas tierras dejando también parte importante del legado que hoy perdura, los árabes vivieron en esta provincia hasta que fueron expulsados y Alicante se integró en el Reino de Valencia, allá por el siglo XIV.
En la Costa Blanca se puede destacar la Torre Vigía de El Campello, levantada en el Siglo XVI.
Alicante tenía señas de identidad propias, tenía raíces, términos que perdió con la llegada de la centralización en el Siglo XVIII, un régimen impuesto desde Madrid por los monarcas. A día de hoy, Alicante se ha convertido en un referente turístico mundial, siendo este su principal fuente de ingresos, además de la pesca, la agricultura, la ganadería y la industria, también importantes en la región. |